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Está aquí: Expertos Entrevista. La discriminación, el común denominador de la población rural en América Latina: David Kaimowitz

Entrevista. La discriminación, el común denominador de la población rural en América Latina: David Kaimowitz

CIAT en Expertos

La mujer que vive en el bosque en la Amazonía tiene problemas distintos a la mujer chilena que trabaja como asalariada cosechando uvas, o la pequeña productora de maíz y fríjol en Honduras que vive con la agricultura de patio. Son realidades distintas. Pero hay algo que las une: la discriminación, marginalización y el hecho de que las políticas públicas no las tomen en cuenta como actores económicos.

Esa es la mirada que hace David Kaimowitz, Director de Desarrollo Sostenible de la Fundación Ford, frente a la situación que vive la mujer en la agricultura en América Latina.

¿Quién tiene la culpa de esa desatención?

“Los políticos que han decidido que la vida de la gente en el campo no es tan importante y en cuanto tienen que resolver problemas, lo pueden hacer dándoles bonos alimentarios, láminas de zinc, o por la vía de políticas sociales sin entender que las necesidades de la población rural del campo se desarrollan con opciones económicas viables”.

Si al campo latinoamericano se le diera la real importancia, Kaimowitz considera que se harían maravillas: producciones diversificadas, más ambientalmente manejables y unas capacidades de gobernar sus propios territorios y no permitir que estos sean tomados por cultivos ilícitos y grupos al margen de la ley.

David Kaimowitz participó recientemente en el taller de aprendizaje ‘Acceso a Bosques y Pequeñas Fincas en América Latina teniendo en cuenta la dimensión de Género’, organizado por el CIAT bajo la Estrategia de Género del Programa de Investigación de CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería.

Hablamos con el investigador en su visita a Cali, Colombia.

Las mujeres son vitales en las labores del campo, sin embargo, su participación no es valorada. ¿Cuál es la real situación de la mujer campesina en América Latina?

Las mujeres tienen un peso muy grande tanto en la parte de la agricultura como forestal en América Latina. Sin embargo, ese peso muchas veces no se visibiliza o no se mira porque sus actividades son esporádicas, por temporadas, en casa, y por otro lado, porque la gente simplemente no las quiere mirar. Las estimaciones recientes de la FAO calculan que entre 15% a 20% en la mayoría de países latinoamericanos las fincas son manejadas principalmente por las mujeres, pero es en general un trabajo invisible; los ministerios de agricultura no las toman en cuenta y los institutos forestales tampoco.

¿Qué implicaciones tiene esa indiferencia?

Hay muchas implicaciones, hay un grupo importante de gente que es la mitad de la población que tiene sus propias necesidades, con diferentes intereses que no están siendo tomados en cuenta. También hay actividades económicas que las políticas públicas están ignorando. Un caso puntual son las plantas medicinales que siguen teniendo un rol significativo en América Latina, pero no se miran porque son cosas que hacen las mujeres.

¿Es un problema de género?

En parte sí, porque son actividades más pequeñas, de subsistencia, importantes para la economía familiar, pero no son las grandes multinacionales las que están siendo manejadas por las mujeres, son los pequeños productores y nos les dan la importancia.

¿Cuál es el tratamiento que desde las políticas públicas está recibiendo la población rural femenina en América Latina?

Ha habido avances, como en el caso de los títulos de la tierra y la importancia de que aparezca la mujer en ese título, si queda viuda, si hay un divorcio. En la zona rural de América Latina la gente no se casa formalmente, pero las mujeres deben tener parte del derecho de esa tierra que han ayudado a conseguir.

Pero falta mucho…

Falta muchísimo, porque sigue siendo invisibilizada, discriminada, teniendo menos acceso a la propiedad, en la participación en la toma de decisiones, mucho menos que los hombres.

¿Quiénes están llamados a unirse para que la población femenina rural  se visibilice?

El primer paso es visibilizar el tema: los políticos, los comunicadores, los expertos, todos tienen que hablar del tema, para que la gente se dé cuenta. Todo el mundo sabe que la mujer trabaja mucho y se le reconoce poco.

Usted afirma que lo sorprenden los pocos trabajos recientes de investigación que hay frente al tema de la mujer en el campo. ¿Por qué el desinterés de los investigadores, no hacia el género, sino hacia lo rural?

Parte del desinterés en lo rural tiene diferentes elementos, uno es que evidentemente América Latina es un continente cada vez más urbano, ha pasado de un continente donde la mitad de la gente vivió en el campo a un continente donde más o menos la cuarta parte de la gente vive en el campo. En algunos países como México, probablemente menos del 20% vive en las zonas rurales.

También está el que por muchos años en el mundo parecía que sobraba la comida. En los años 90, el problema de los europeos y gringos era que estaban inundados de comida; la idea de que producir más en el campo para hacer más comida, era generar más problemas y no generar más soluciones, era el punto de vista de los tomadores de decisiones.

El campo fue perdiendo visibilidad y eso ahora empieza a cambiar un poco, en parte por los problemas ambientales que existen: cambio climático, pérdida de biodiversidad, los precios de los alimentos vuelven a subir. La gente se da cuenta que para alimentar 1.000 millones de indios y 1.500 millones de chinos a un nivel de consumo parecido a lo que comen los europeos o norteamericanos, pues el mundo sí va a tener que producir más alimentos. Se vuelve a mirar más al campo.

Es una necesidad de supervivencia…

Sí, hasta el día de hoy sigue siendo cierto que la mayoría de la gente más vulnerable en América Latina es la gente del campo, más todavía las mujeres y más todavía las mujeres indígenas y afros.

Hay más hombres en el campo que mujeres, especialmente en Surámerica, ¿por qué se da ese fenómeno?

Esto me sorprendió. En México, por ejemplo, la emigración de hombres hacia Estados Unidos ha sido masiva, no hay hombres presentes. Empecé a hacerme una imagen de que así era el campo latinoamericano, pero miré los números y no es cierto.

En el campo latinoamericano, en general, hay 11 hombres por cada 10 mujeres, mientras en el campo mexicano hay 12 o 13 mujeres por cada 10 hombres, esa es la diferencia.

En la migración doméstica del campo a la ciudad, o del campo a pequeños pueblos, es la mujer la que más sale que el hombre; muchas de esas mujeres migran para trabajar como empleadas domésticas, para vivir con parientes, para trabajar en zonas francas.

Y frente a la mujer indígena y afro, ¿cuál es su situación?

Hay una situación en América Latina donde menos del 10% de los latinoamericanos son indígenas hoy en día. Son 50 millones de indígenas frente a 500 millones de latinoamericanos. Pero en el campo no es así, 40 millones de indígenas de una población de 120 millones de personas en el campo latinoamericano.

Hay discriminación hacia la población rural, pero ¿está más marcada hacia la población negra e indígena?

Existe la situación casi imposible de imaginar de que en América Latina la gente que habla dos idiomas, pero su español no es perfecto, sabe menos de los que hablan un idioma que solo es español. Hay una discriminación lingüística importante, racial importante, hay un desconocimiento muy grande en las ciudades sobre los temas de mujeres indígenas y afro.

Están invisibles en parte porque están físicamente aisladas; el campo latinoamericano es cada vez más periurbano, cada vez hay más gente que vive en zonas rurales, que tienen atributos de campo y ciudad. Las mujeres indígena y afro en general, viven en las zonas más aisladas y forestales, con menos acceso al mercado, menos caminos, menos servicios, literalmente más invisibles. Y se las ven es porque están pidiendo plata en la ciudad, esa es la imagen.

¿Dónde se vive la situación más critica de las mujeres afro e indígenas en América Latina?

Guatemala vive una situación crítica, es un país de mayoría indígena, pero los indígenas nunca han tenido una aceptación de parte de la población ladina del país. Hay una situación dramática allí.

En Chocó, Colombia, la población afro enfrenta un problema de violencia complicado, de despojo de sus tierras, de violencia por empresas de palma africana y ganaderos para despojarla de sus tierras. Una situación también difícil.

¿Qué pasa entonces con las leyes para las minorías étnicas?

Creo que ha habido un avance, pero en muchos casos esas leyes están solo en el papel.

Parte del esfuerzo de la Fundación Ford es apoyar el trabajo con comunidades indígenas. ¿Qué siente usted como líder de programa cuando no hay estadísticas de esta población ni son temas de estudio en investigaciones?

Como Fundación sí tenemos una preocupación bastante grande por las estadísticas y por el problema de que no sean contados como ciudadanos. En América Latina los pueblos indígenas no tienen una identificación, un registro, prácticamente no existen. Hay avances, pero hay problemas, por ejemplo con los censos; eso tiene implicaciones para las políticas públicas, si no los cuentan, nadie sabe que están allí.

¿Cuáles son los grandes desafíos que enfrenta la población rural femenina hoy?

El gran desafío es cómo sobrevivir y salir adelante como pequeños productores, como comunidades, como grupos indígenas y afros en un mundo que está hecho para Walmart, Nestlé, Unilever y no está hecho para ellas.

También cómo conseguir tierras, créditos, trabajo, educación, en un mundo en donde esa no es la prioridad para quienes están tomando la decisión. El tema de las tecnologías, es otro de los nuevos desafíos.

¿Por qué es urgente dar a  las mujeres los derechos sobre las tierras y los bosques?

Porque tienen mucho que aportar, muchas energías, capacidades, pensamientos, esfuerzos que se están desperdiciando por no incorporarlas. Son vulnerables por no tener estos recursos y las llevan a situaciones de violencia y pobreza extrema que no deberían existir en nuestra sociedad.

David Kaimowitz (perfil tomado de http://www.fordfoundation.org)

Dirige el trabajo global de la Fundación Ford sobre recursos naturales y cambio climático. Los donativos que otorga buscan proveer a las familias rurales pobres de mayor acceso y control sobre los bosques y otros recursos naturales, beneficiando particularmente a las poblaciones indígenas. David otorga donativos para apoyar tanto proyectos globales como en la región de México y Centroamérica.

Antes de ingresar a la Fundación en 2006, fue Director General del Centro Internacional de Investigación Forestal (CIFOR) en Bogor, Indonesia. CIFOR es uno de los centros de investigación sobre bosques tropicales más prominentes del mundo, afiliado a CGIAR

Antes de ser su Director General, trabajó como investigador, especializándose en temas relacionados con políticas forestales y en cómo las políticas y tendencias no forestales afectan a los bosques y a las personas que dependen de ellos.

Ha trabajado en el Instituto Interamericano para la Cooperación Agrícola (IICA) en Costa Rica, en el Servicio Internacional para la Investigación de la Agricultura Nacional (ISNAR) en los Países Bajos y en la Secretaría de Desarrollo Agrícola y Reforma Agraria de Nicaragua (MIDINRA).

Cuenta con un doctorado en Economía Agrícola de la Universidad de Wisconsin-Madison y es autor y coautor de siete libros y de más de cien publicaciones científicas.

 

[Artículo en la fuente original]

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