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Está aquí: Expertos Rafael Domínguez sobre la Agenda Global de Desarrollo Post 2015

Rafael Domínguez sobre la Agenda Global de Desarrollo Post 2015

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Rafael Domínguez Martín; nacido hace 50 años en Santander, España. Doctor en Historia Económica, Director de la Cátedra de Cooperación Internacional y con Iberoamérica (Universidad de Cantabria). Interesado en la investigación para la acción (en la parte de configuración de políticas públicas) y para la formación de profesionales y universitarios en América Latina.

Recientemente acaba de presentar, junto con Iliana Olivié, el Informe 14 del Real Instituto Elcano: “Elementos para el posicionamiento de España en la agenda global de desarrollo” documento que realiza un análisis exhaustivo sobre las potencialidades del papel de España en el escenario del desarrollo internacional. En paralelo, acaban de publicarse las recomendaciones del Panel de Alto Nivel de Naciones Unidas para la construcción de la Agenda Post2015, que apuntan ambiciosos objetivos como la erradicación de la pobreza extrema en el 2030. En definitiva nos encontramos en un punto álgido del debate sobre la Agenda 2015 Post ODM y desde iCoopera nos gustaría contar con su opinión y visión de futuro respecto de la agenda global de desarrollo, así como del papel que deben jugar los diferentes actores internacionales.

[Rueda de prensa de Iliana Olivié presentando el Informe "Elementos para el posicionamiento de España en la agenda global de desarrollo"]

P.1. ¿Podría explicarnos brevemente qué es la Agenda de los Objetivos del Milenio?

Algunos autores la han descrito como la agenda social de la globalización: una idea de desarrollo sin desarrollo (cambio estructural), que sobrevaloró el papel de la AOD en la lucha contra la pobreza de ingreso, identificada de manera reduccionista con el desarrollo, con algunos ingredientes adicionales referidos a la educación, la salud y el medio ambiente, más una apelación final, puramente retórica, a la coherencia de políticas (el ODM8).

P.2. ¿Cuál es la evaluación general del impacto de esta agenda hasta la fecha, es decir, cuáles están siendo los logros y cuáles los puntos más oscuros?

Dada la progresiva reducción de la agenda a la lucha contra la pobreza (medida por la línea internacional de pobreza que actualmente son 1,25$ en paridad de poder adquisitivo), la agenda global ha sido un éxito (esto es, se va a conseguir reducir el porcentaje de pobres "internacionales" que había en 1990 a la mitad en 2015). Aunque la agenda por regiones claramente quedará pendiente para África subsahariana. Sin entrar a valorar los otros objetivos y la diferencia entre el cumplimiento de los mismos (que ha sido desigual) y los progresos hacia los objetivos (que han sido bastante generalizados), el ODM8 queda como el gran agujero pendiente.

P.3. ¿Cuáles son los nuevos planteamientos post2015? ¿Personalmente qué elementos ve como positivos y cuáles como negativos o ausentes?

De la abrumadora literatura producida hasta el momento, hay un bombardeo por saturación por parte de los donantes del CAD y su industria de la ayuda (no gubernamental y multilateral) que apuesta a una integración de los ODM pendientes (pasando de puntillas por el tema de la coherencia de políticas) en un esquema que sitúa la desigualdad al interior de los países –tratada bajo la etiqueta del crecimiento incluyente– el desarrollo sostenible –como tema de interés prioritario para los países desarrollados– en el centro de la agenda, a juzgar por el reciente informe del HLP de Personas Eminentes de Naciones Unidas que salió a finales de mayo. Todo esto me parece positivo, pero la carencia más significativa es que  la reformulación del ODM8 sobre coherencia de políticas (ahora con la etiqueta de "crear un entorno fortalecido global y catolizar la financiación a largo plazo") sigue realizándose en términos puramente voluntaristas e inconcretos, lo mismo que el nuevo objetivo referido a la paz como bien público global.

P.4. ¿Qué piensa de la polémica sobre la ausencia de metas relativas a la equidad?

Ese fue uno de los puntos más criticados en los ODM, sujetos a la tiranía de las medias, como señaló certeramente Vandemoortele. En la última propuesta del HLP ese sesgo no se ha corregido y tan solo se han introducido algunas metas referidas a la equidad de manera muy indirecta (referidas a indicadores que pueden reducir las desigualdades de ingreso por el acceso al empleo, las nuevas tecnologías y el fomento del emprendimiento).

P.5. Sobre el papel de España ¿Cuál es el papel de España en la construcción de estos consensos internacionales? ¿Qué capacidad de definir agenda tiene? ¿Cuáles son sus prioridades (sectoriales/geográfica)? ¿Qué instituciones son las encargadas de la negociación internacional?

España es un país que tradicionalmente ha tratado de sumarse a la corriente principal de los donantes del CAD y la UE sin tener un perfil propio. En la actualidad su capacidad de definir agenda se ve mermada por el enorme recorte de  la AOD que nos ha hecho retroceder del 6º lugar en volumen de AOD que se alcanzó en 2009 (de 22 países) al 15º de 24 en 2012, y en esfuerzo AOD/PNB del 12º lugar de 23 en 2010 a nada menos que el 21º de 24 en 2012. Durante el período de burbuja de la ayuda critiqué muchas veces la focalización de la agenda española en el tema del 0,7, pero en la actualidad nos hemos pasado al otro extremo: con tan pocos recursos no se pueden hacer milagros. Lo cual es una pena, porque el contexto internacional, en el que lo países en desarrollo de renta media están hiperactivos en su cooperación Sur-Sur (CSS), es muy propicio para que España aprovechase sus ventajas comparativas reveladas (su vocación latinoamericana) y sacara más partido de sus instituciones, en particular de la SEGIB, para tener un mayor perfil como configurador de la agenda en cuanto a prioridades sectoriales y geográficas. Por supuesto, tampoco habría que olvidar a la AECID en este aspecto, con su potente red de OTC y centros de formación en América Latina. 

P.6. De forma sintética ¿Cuáles han sido sus recomendaciones de cara al posicionamiento del gobierno español en la materia postODM?

En la medida en que España es un donante europeo de referencia en América Latina y con una posición geoestratégica en los países en desarrollo del Norte de África, en el informe recomendamos, en primer lugar, que el Gobierno asuma esos rasgos como los elementos constitutivos de la cooperación española, esto es, identificar el perfil propio, y, en segundo lugar, utilizarlos como base para su posicionamiento estratégico en el debate sobre la agenda post-2015. En tal caso, la Administración española deberá apostar por una agenda aspiracional y monitoreable, articulada desde Naciones Unidas, con carácter universal  (que contribuya a romper la dicotomía entre países menos adelantados y de renta media), y que incluya otros elementos además de la pobreza: sobre todo la desigualdad en todas sus facetas, también la agenda medioambiental, o el cambio estructural. 

P.7. En términos más generales ¿Cómo cree que está impactando la crisis económica en la visión que tiene España de sí misma como actor global? Y en concreto en materia de Cooperación al desarrollo ¿Cómo evolucionará la política de cooperación española?

La primera parte de la pregunta la contestan los datos del CAD: la crisis ha impactado de manera durísima en nuestro país y las políticas económicas no han dado prioridad precisamente a amortiguar el coste social de la misma en términos de aumento del desempleo y las desigualdades, sino más bien se han convertido en parte del problema, aunque la responsabilidad es compartida con las instituciones europeas. En este contexto, como es sabido, el apoyo público a la cooperación al desarrollo (y su concreción presupuestaria como AOD) ha caído en picado. La cooperación fue uno de las señas de identidad de nuestro poder blando en el período de bonanza económica que ahora se ha esfumado, así que esto contribuye a la depresión y pérdida de autoconfianza internacional que tiene España como actor global.

Para responder a la última pregunta habría que tener claro cuál vaya a ser el horizonte de la cooperación al desarrollo en los próximos años, horizonte que no está nada despejado en el plano internacional: con la caída de la AOD global, la pérdida de impulso político de la agenda de la eficacia de la ayuda y el fortalecimiento de la autonomía colectiva de los BRICS, que se aventura en su propuesta de creación de un banco de desarrollo, es muy probable que el sistema de cooperación (que en realidad ya es un no sistema) se parezca muy poco a eso que explicamos en las clases de los maestrías de cooperación. No está claro ni siquiera que la definición de AOD, que ha sido la piedra angular del sistema, se vaya a mantener como tal después de 2015, y todo apunta a que vamos hacia una progresiva fragmentación, así que hablar de cómo evolucionará la política de cooperación española es hacer pura política ficción. 

P.8. Respecto al papel de América Latina ¿cuál ha sido el posicionamiento de los países latinoamericanos respecto de la agenda postODM? ¿Existen propuestas genuinamente latinoamericanas al respecto?

De momento no hay un posicionamiento regional, ya que en América Latina los operadores de cooperación más activos reproducen las tres ligas de la CSS y, por tanto, tienen intereses que como mínimo plantean problemas de coordinación y conciliación. Brasil, como parte de los BRICS, juega en la liga global y está posicionado en la región hacia el diálogo político a través de Unasur y la integración comercial vía Mercosur (no sin contradicciones). Una agenda de cambio climático que le obligué a reducir sus emisiones encontrará a Brasil de frente.

En segundo lugar, están México, Colombia, Perú y Chile, que juegan en la liga regional y que acaban de fortalecer el diálogo político a través de la Alianza del Pacífico, que a su vez es un sistema de integración comercial para operar con esquemas de libre comercio con Asia, adicionales a los que ya tienen con EEUU y la UE. Aunque México es el país con más potencia de fuego, Colombia es la vanguardia de este grupo en temas de configuración de agenda, como se vio con su propuesta de Objetivos de Desarrollo Sostenible, inmediatamente comprada por los países del CAD.

Finalmente, los países del ALBA, con Venezuela a la cabeza, también operan en un esquema regional contra-hegemónico (de EEUU en particular y la OCDE en general) y podrían alinearse con los BRICS. En este sentido, el entendimiento entre Brasil y México parece la condición sine qua non para que la región pudiera adoptar un posición común, que, en todo caso, no creo que fuera mucho más allá de una declaración de mínimos, dada la creciente polarización que parece observarse en las propuestas políticas que lideran los dos bloques.

P.9. ¿Existen incompatibilidades entre los objetivos de desarrollo de la agenda post2015  y los planteamientos desarrollistas de algunos países latinoamericanos?

Por lo que aparece en la propuesta del HLP, el objetivo de sostenibilidad ha eludido cualquier mención a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, remitiéndose a acordar futuras tasas de aumento de la reforestación y tasas de descenso de la deforestación, con el fin de salvar precisamente ese escollo, que en Brasil es un punto ultra sensible. Por tanto, diría que la propuesta de agenda está redactada sobre la noción blanda de desarrollo sostenible que la final aguanta casi todo.

P.10. ¿Será complementaria la agenda post 2015 con los enfoques de cooperación sur-sur de los principales actores latinoamericanos, léase Brasil, México, Venezuela, etc?

La propuesta del HLP es lo suficientemente incluyente para responder que sí, una vez que se analizan las prioridades sectoriales de     estos tres países y algunos de sus programas de política pública más exitosos (los programas de transferencias sociales condicionadas en el caso de Brasil y México, o las misiones de alfabetización y salud ocular cubano-venezolanas). 

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